Por Miguel Sáinz de los Terreros Benzo.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en su sentencia de 14 de junio de 2017, asunto C-422/16, ha decidido prohibir la denominación de ciertos productos alimenticios, al aclarar algo tan aparentemente básico como que la leche sólo es de origen animal.

Entiende que el Reglamento UE 1308/2013 se opone a que la denominación “leche” y las denominaciones que esta norma europea reserva exclusivamente a los productos lácteos se utilicen para designar, en la comercialización o en la publicidad, un producto puramente vegetal, aun cuando esas denominaciones se completen con menciones explicativas o descriptivas que indiquen el origen vegetal del producto en cuestión.

Una de las partes del conflicto, Tofutown, fabricaba y comercializaba alimentos vegetarianos o veganos, con las designaciones “mantequilla de tofu Soyatoo”, “queso vegetal”, “Veggie-Cheese”, “Cream” y otras denominaciones similares.

Pese a que alegó que no empleaba las denominaciones de forma aislada (no comercializaba “mantequilla”, sino “mantequilla de tofu”), el TJUE concluye que existe riesgo de confusión del consumidor.

Este hecho cierra la puerta a la ya famosa “leche de soja”, y a otros productos, como la “mantequilla vegana”. Tan simple como eso, o no.

Si bien, esta decisión no deja de ser una curiosa anécdota, es una noticia de gran importancia en el sector de la Intellectual Property  (IP), pues va a dar lugar que todo el sector retail  tenga que llevar a cabo una renovación de su política marcaria.

Además de esto, es importante resaltar que esta decisión va dirigida a los productos lácteos vegetales, no afectando, por tanto, a otros tan controvertidos como la “carne de tofu”, al quedar argumentado por parte del tribunal, que son productos que se rigen por normas diferentes.

Esta decisión, no es más que un hecho con el que se intenta evitar que la picaresca comercial haga creer al consumidor medio, que un producto tiene características que no son del todo ciertas. Siendo, por tanto, una muestra más, de otras decisiones similares, como la que entro en vigor el 1 de julio de 2006, plazo que estableció Bruselas para prohibir que ciertos productos se denominasen “BIO”.

Con todo lo anterior, el alto tribunal europeo, da una muestra más de una decisión tendente a protección de los intereses de los ciudadanos, y de los distintos actores del mercado, con la que se consigue, dicho sea de paso, un buen uso de la lengua, llamando a las cosas por su nombre.

Puede consultarse el texto de la sentencia aquí: http://curia.europa.eu/juris/document/document.jsf;jsessionid=9ea7d0f130d56bd032beac474517a0c3f1ebd0f1cfee.e34KaxiLc3eQc40LaxqMbN4PaxmSe0?text=&docid=191704&pageIndex=0&doclang=ES&mode=lst&dir=&occ=first&part=1&cid=696051

 

 

 

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